Aquiares: Cafetos híbridos a la sombra de las ceibas

Mirando hacia abajo y sobre un puente de no mucha altura, escucho entre un murmullo y un aguacero. Son las cristalinas aguas de un río golpeando las rocas. Levantando la vista en sus orillas crece la vegetación alegre y verde, de un profundo verde. Al fondo las montañas azules y grises, una especie de niebla es el escondite para el vigilante Volcán Turrialba. ¿Y a los lados?  Nobles ceibas extienden su sombra sobre café, muchas plantas de café.

Estoy en la Comunidad Cafetalera de Aquiares, en Turrialba. Y me trae aquí la curiosidad. Quiero ver cómo crecen en una finca aquellos pequeños almácigos, nueva generación de híbridos de los que tanto me enseñaron los ingenieros del CATIE (leer post aquí). Para dar con mi guía en esta expedición pregunté primero por la entrada de la finca. Sin darme cuenta, y como me aclaró una de las trabajadoras, hace ratito que estaba dentro de la plantación.  Aquiares es un ecosistema, una comunidad completa.

Miles de plantas de café crecen y dan sus frutos en esta plantación que tiene 110 años de existir. Según me dijo Luis Guillermo Ramírez, agrónomo turrialbeño y mi guía esa mañana, no siempre se sembró café. Pero igualmente, la producción cafetera tiene más de 40 años de estar presente.

Aquiares es una comunidad. Queda claro cuando se ve desde más alto: son 350 casas, familias que viven allí. Al lado del beneficio y las antiguas oficinas, la iglesia de metal parece ser uno de los testigos más antiguos de este lugar. El café de la región de Turrialba, por su clima y cantidad de lluvia anual, tiene la característica de producir varias cosechas al año. Estos es ventaja y desventaja, hay que contar con el buen hacer para que este café rinda su mejor sabor.

Me percato que varios testigos aún más antiguos que la iglesia; ya me había saludado uno de ellos desde la entrada a la finca (que no había distinguido, claro): son los árboles ceiba. Estos imponentes y centenarios amigos, recuerdan a las secoyas, se elevan y abrigan con su sombra tan hermosa. No pude resistir tomarles fotos, me pareció que me “sonrían” desde su altura.

Uno de los árboles ceiba en Aquiares, Turrialba.

Aquiares es café sembrado en sombra (no solo de las ceibas). Las 700 hectáreas están a una altura entre los 800 y los 1450 msnm. Entre su tierra se encuentran 16 nacientes de agua y 2 ríos: el Turrialba y Aquiares, pasan alrededor y en medio de ella. Todos estos elementos se unen para que al detenerse en cualquiera de sus lotes se escuche la voz de la naturaleza; el río, la lluvia, los pájaros y su gente. Conservarla es importante para la finca, por lo que tienen prácticas que protegen ese medio ambiente.

Llegué en tiempo de poda; los equipos de expertos podadores son de esta localidad y de otras partes de Turrialba. En tiempo de cosecha, me dice Luis Guillermo, la finca le da empleo a muchos cogedores de café de aquí y de afuera. A pesar de ser grande, Aquiares apuesta más por la calidad que por solamente el volumen. El 90% de su café se exporta. España, China, Estados Unidos, Corea del Sur, Italia, son los países de sus compradores.

Después de subir por las laderas, llegamos a la zona en donde está parte de su apuesta por el futuro; lo que en un inicio, vine a mirar. Un jardín de variedades de café y su apuesta por variedades híbridas. Al inicio de las “calles” entre los cafetos, los carteles nos guían: Variedad Esperanza, variedad Centroamericano…

“Estas plantas han respondido muy bien, son más resistentes a las enfermedades y su productividad es muy alta. Además que en pocos años ya comenzamos a ver sus frutos”, me explica Luis Guillermo. Él creció en Aquiares y tanto él como su familia han dedicado su vida a trabajar aquí, así que atestigua claramente cómo se comportan las diferentes variedades de café. ¡Y camina como por su casa entre los cafetales! Casi no le puedo llevar el paso 😀 .

Aquiares está probando el desempeño de 18 variedades distintas de café. Desde los híbridos hasta otras plantas utilizadas en otras latitudes o variedades especiales como la Nemaya. Este cafeto tiene la particularidad de que sus raíces vienen de la familia Robusta, pero el tallo y  resto de la planta es Arábica. “Nos interesa la Nemaya porque es resistente a las plagas”, dice Luis Guillermo. En el clima, la omnipresente roya con la que todos nuestros caficultores luchan y a veces en los suelos, especies de nemátodos que atacan las raíces de los cafetos; por eso y su productividad, los híbridos son parte del futuro caficultor.

Variedad Laurina, sus frutos son bajos en cafeína.

Unas pequeñas plantas me llaman la atención: son cafés de variedad laurina. Estas plantas producen café con un bajo porcentaje de cafeína; café descafeinado, pero natural.

Si bien la inversión en plantas híbridas es más elevada que la de cafetos tradicionales, para Aquiares ha tenido buenos resultados. Por eso tienen como proyecto ir renovando parte de sus cafetales con variedades híbridas. Estamos hablando de miles de nuevos Esperanza y Centroamericano. Me señala una ladera a lo lejos, más alto que donde estamos, allí se está dando la renovación.

Zona de compostaje de la broza del café.

Bajando por este bosque de cafés y árboles, escuchamos un riachuelo. Agua transparente, cantarina. Dice Luis Guillermo que los habitantes de Aquiares gustan de venir los días festivos o los domingos a almorzar a sus orillas. Está libre de cualquier olor a broza, en Aquiares el desecho del beneficiado entra en un proceso de compostaje.

Pasan a nuestro lado, varios podadores; botas de hule (caucho), gorra, camisa manga larga, pañuelos contra el sol y las malezas; una gran sonrisa y un saludo, con la mano arriba.

En la parte de abajo de la finca, casi en su entrada, se encuentra la zona de los brotes, de los manquitos, los almácigos y la vida del café que apenas comienza. Paños de sarán como techo resguardan del calor de un cercano mediodía a los pequeños cafetos, semilleros de nemaya, almácigos de la variedad tupí, esperanza, entre otros.   Preparados para dar nueva vida y un café de buena taza a las laderas de Aquiares.  De ello dan fe, tanto las grandes exportaciones como los microlotes que tostadores especializados de Costa Rica y de otros países, se han llevado de la Cafetalera Aquiares para ser consumido por paladares exigentes.

En la iglesia amarilla con rojo y particular de Aquiares me despido de don Luis Guillermo y su amabilidad por mostrarme un poquito de esta historia, su historia también. Me despido de las grandes ceibas y por la calle, a un lado vegetación, al otro ladera abajo una alfombra de café, el murmullo de la naturaleza lo escucho cada vez más bajito y más bajito, mientras me voy alejando hacia el cruce de Santa Rosa.

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