[Desde el cafetal]Café La Cumbre: Altura de café, altura de calidad

Nos perdimos para llegar al microbeneficio de Minor Jiménez. No nos suele pasar, porque ir a la zona de Los Santos es un deleite; ir descubriendo el trabajo de los cientos de productores que trabajan allí es parte de la pasión de esta escritora.

Pero nos traicionó el cansancio; los derrumbes propios de la época de lluvia en el camino que sube desde Cartago hacia el Cerro de la Muerte hicieron de un viaje de dos horas, uno de casi cuatro.

Aún así, nuestra mirada cansada la refrescó el paisaje cuando por fin dimos con San Gabriel de San Marcos de Tarrazú; luego de desviarnos hacia un camino de lastre, de pasar por un puente de piedra, subir y comenzar a ver cafetales bajo sombra y sobre ellos niebla como un algodón que hacía en contraste. Llegamos a la finca y microbeneficio La Cumbre.

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San Gabriel es un pueblo minúsculo que se acomoda a la topografía quebrada de las montañas. En una de estas casas Minor Jiménez nos recibió muy amablemente. Desde el patio de su casa y del microbeneficio se puede ver San Marcos y las montañas que lo rodean.

Como la gran mayoría de los caficultores de esta zona, Minor y su familia han cultivado este producto por generaciones. Lo hacían de una manera ya aprendida por años, a eso se le suele llamar “cultura” cafetalera. Y se refiere a las prácticas de cultivo que muchos caficultores utilizan sin diferenciación entre una finca u otra.

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Sobre eso nos enseña Minor mientras caminamos por uno de los trechos de su finca. Minor es ingeniero agrónomo y junto con su familia gestionan el tema del cultivo. “La forma en que se poda, cuándo y cómo se fertilizan las plantas, el tratamiento de las variedades, del suelo”, enumera Minor como parte de la cultura.

Desde su entrenamiento como ingeniero y su experiencia desde niño en la finca, Minor entendió que la innovación en la cultura era necesaria. Por eso, propuso a su familia algunos cambios que estaba seguro ayudarían a mejorar la producción del café y la conservación de su entorno y además inició con su esposa el proyecto del microbeneficio y del café La Cumbre.

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Las plantas de café son más altas. Lo observamos al entrar en la finca, Minor señala esto como una de los cambios culturales; fomentar la altura de la planta del café a través de una poda alta y un sistema nuevo de nutrición. “Tenemos más bandolas y todas ellas llenas de fruto”, asegura Minor. Este sistema es muy diferente de la poda baja en donde hay que esperar varios años para que el cafeto vuelta a dar fruto.

En el camino nos encontramos con el hermano de Minor, con sus manos llenas del trabajo de campo. Nos saluda, intercambiamos algunas palabras y sigue su camino con total discreción. Hacia atrás, la neblina no nos deja distinguir bien el fin de los cafetales que están integrados a la vida de estos productores. Son 1650 m de altura y la neblina no siempre es buena compañera para los cafetales, según nos dice Minor.

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El cuidado de los cafetales no solo consiste en su producción, sino en la preservación del suelo que los nutre y sostiene. Durante la ruta, Minor nos muestra cómo han ido cambiando lo viejo por lo nuevo: el aplicar herbicidas  para evitar el crecimiento de la maleza por el corte controlado de la maleza para que la materia orgánica nutra y proteja los suelos. El sembrar solo café por sembrar café con sombra pensando en la temperatura de los cafetos y en evitar la erosión de los suelos.

De vuelta en su casa y microbeneficio, nos encontramos con el pequeño patio de secado, las camas africanas y la máquina de tostado. “Desde hace unos 4-5 años que decidimos procesar parte del café de la familia por nosotros mismos y así nació el microbeneficio y el café La Cumbre”, nos cuenta. Le dije que el porqué del nombre parecía evidente, pero me explicó: “es porque es un café de altura sí, pero también porque procuramos altura en la calidad de nuestro café y que esa calidad se mantenga en el tiempo”. Minor está consciente de el gran reto que significa cumplir sus metas.

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La Cumbre trabaja cafés de primera, calificados por los catadores entre los 85 y los 88 puntos. “El 100% del fruto recogido es maduro, exportamos microlotes y nanolotes a lugares como Francia o Noruega”. Había probado antes su café y sé que hay alta calidad en ello y por eso emprendimos la expedición de conocer La Cumbre. Y sé que no se trata solo de exportación, porque La Cumbre con su marca nacional está poniendo al alcance de los nacionales un excelente café.

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Las mieles como el Red Honey, los procesos naturales (secar con toda la fruta) están entre sus propuestas, pero también La Cumbre sigue esa línea de innovación buscando sabores en procesos como el doble lavado y también en el proceso del tueste.

Minor tuesta. Y se ve que es un apasionado por el proceso; se ha entrenado y documentado, siempre quiere aprender de otros y recibe consejos de maestros tostadores. En su tostadora turca Joper desarrolla los sabores de su café. “Tenemos notas dulces, la acidez marcada típica de nuestra región, notas a limón, mandarina, pero también visos de almendras y una taza balanceada”, describe.

Cuando salimos de casa hacia Tarrazú era temprano, luego de superar los obstáculos en carretera y el cansancio, la taza que el mismo Minor nos prepara y describe termina de hacernos olvidar las dificultades. La tarde se acerca y la lluvia viene derramándose por las montañas. Con algunas gotas sobre los hombros dejamos a Minor y La Cumbre, cuyo café no dudo que seguirá abriendo camino a una re culturización, no solo de las prácticas agrícolas sino de los consumidores que debemos aprender a valorar el trabajo que lleva cada sorbo en cada taza.

  • Café La Cumbre y sus diferentes propuestas se puede comprar online a través de su sitio web. También en diversos puntos del país y esperemos pronto tenerlo en nuestra tienda online. 

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