Café Don Cayito: La aventura de conquistar dos veces Taza de la Excelencia


Con una buena sonrisa, su gorra y bigote, don Ricardo me explica con paciencia: “Nosotros ganamos Taza de la Excelencia en el 2011“. Esta servidora apenas conociendo el mundo del café de especialidad, asumió que se trataba de un café de mucha calidad, aunque no entendí bien el alcance de lo que don Ricardo, de Café Don Cayito, me quiso mostrar. Eso fue en una feria de café en la zona de Los Santos hace unos 4 años.

Esta mañana tuve la oportunidad de sentarme en la sala de la casa de don Ricardo Calderón y su familia, en una de las colinas de Copey de Dota, al lado de su microbeneficio Los Ángeles. Don Cayito es el nombre del lote de una familia que logró algo que muchos caficultores de especialidad buscan, pero no se consigue frecuentemente: ganar 2 veces el primer lugar de Taza de la Excelencia. En Costa Rica, es la primera vez que sucede.

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“Antes yo era muy tímido”, asegura don Ricardo, junto a su esposa Lourdes Castillo y una de sus hijas, Lizeth. “Pero con esto del café de especialidad ha tocado aprender”.  Sus cafetales están entre los 1650 m y los 2100 m de altitud, y sus cosechas se exportan mayormente, a países como Japón y Estados Unidos, entre otros. Pero no siempre fue así.

“Nací en el café. Mi papá -que también se llamaba Ricardo, pero le decían Cayito- era agricultor también, tenía cafetales, pero a él le gustaba más cultivar verduras. A mí me gustaba el café”, cuenta. En 1975 comenzó con su propia parcela de café, en donde se enfocó en la producción.

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“En el 2009 decidimos como familia montar el microbeneficio“. Dice don Ricardo que los malos precios del café en fruta y el auge de los microbeneficios en otros lugares, los animaron a “echarse al agua”.  Así fue como toda la familia: su esposa y sus 4 hijos se involucraron en la aventura de producir y beneficiar café de alta calidad. A él le gusta el campo, principalmente, su esposa e hijos se encargan del beneficiado, del control de calidad, administración, venta y comercialización del café. 

Poco a poco, su café se fue abriendo paso en el mercado de especialidad. Vieron en la competencia de Taza de la Excelencia una oportunidad y para el 2011 ganador el primer lugar; el más alto privilegio. “Fue un catuaí rojo”, don Ricardo detalla la variedad de aquel lote ganador.

El certamen es un beneficio, según don Ricardo, pero no solo para ellos como productores, sino para toda la región. “Se pone en el mapa nuestra zona y la gran calidad de café que se produce específicamente aquí en Copey”.

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Y es que esta región es tierra de ganadores. Copey se encuentra a solo unos kilómetros del pueblo de Santa María de Dota; es una conjunción de laderas agudas que protegen del clima del Atlántico, pero que reciben la brisa del Pacífico y abundante Sol durante el día. No es de extrañarse que Copey, hogar de caficultores tenga entre sus registros ya 4 primeros lugares en Taza de la Excelencia y muchos finalistas (el año pasado los ganadores fueron Los Grandes de Copey,  este año ganaron segundo y sétimo lugar, Monte Copey ganó también el primer lugar y ha estado entre los finalistas año tras año).

Así que el razonamiento de don Ricardo tiene sentido; una familia caficultora gana el premio, pero con ellos se pone en evidencia toda la zona. “Aquí nos comenzaron a visitar compradores, tostadores y turistas, quieren conocer a los productores y nuestra tierra, y eso es una bendición para toda la comunidad”, expresa.

Luego de ganar en el 2011, la familia siguió presentando lotes competidores frecuentemente. “El año pasado habíamos presentado este mismo lote de la finca que lleva el nombre de nuestro café: Don Cayito, y ganó el tercer lugar. Este año, sabíamos que era nuestro mejor representante de la cosecha y decidimos participar solo con él”.

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En medio de las voces emocionadas del viernes 1 de junio del 2018, sus hijos Maicol  y Lizeth, y la esposa de Maicol, Melissa Fallas, recibieron entre vítores la grata sorpresa: habían ganado Taza del Excelencia con una calificación 91, 29 puntos. 

“Ese lote es de una finca con altitud de 1900 m, es una línea de Geisha y fue secado en camas africanas o elevadas”, dice don Ricardo. La alegría de la hazaña: dos veces ganadores de Taza, se les nota en el rostro. 

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Desde una ventana en la parte más alta del microbeneficio, Don Ricardo nos explica el paisaje. “Por allá, en aquella ladera está el lote de geishas, el ganador de este año”, dice. “El sol le da casi todo el día a esas matas, y eso es bueno e importante para que desarrolle una buena cosecha”.

Y cuando se habla de buena cosecha, no solo se trata de cantidad, sino más bien de calidad.  Hace tiempo que la familia Calderón Castillo se decidió por la calidad. “El café no es fácil, porque producir en Costa Rica es más caro que en otros lugares, los precios del café internacionalmente son bajos y eso no ayuda a superar los problemas”, asegura. “Es mejor irse por la calidad, porque así no se depende tanto de los precios del mercado”.  Claro, eso requiere más esfuerzo, dedicación y más orden.

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En su beneficio se procesan hasta 3 mil fanegas. El 90% de ellas en proceso lavado, aunque también trabajan mieles y naturales. “Trabajamos microlotes; cada cafetal se divide por variedad sembrada y por proceso de beneficiado; y se le da un seguimiento hasta el final”.

La bodega del beneficio está llena de sacos; cada uno organizado por lotes. Las máquinas clasificadoras del café ya pelado, están “alistando”, los sacos finales. Aquí no se encuentra el café ganador; ese se encuentra en la custodia de la Asociación de Cafés Finos, esperando a la subasta que tendrán los 36 finalistas de este año el próximo 10 de julio.

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Pero en Los Ángeles de Copey, Dota sí que reside el secreto de estos doblemente ganadores: está en su tierra, en sus manos y en su visión de buen café.

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