En la diversidad genética se filtra la próxima taza de café para el mundo

Si usted vive en un país o región productora de café, se habrá encontrado como yo, con cafetales en algún momento. Y en el caso de Costa Rica, la planta de café ha estado con nosotros hace tanto tiempo que nos parece algo muy normal. La mayoría no sabe -eso sí- diferenciar entre un cafeto y otro, es más, ni siquiera sabíamos que hay distintos tipos de plantas de café (alguno que otro lector se habrá dado cuenta hoy).

Es cuando nos dejamos seducir por el mundo del café especial que nos comenzamos a dar cuenta que no todo es tan simple como 1 tipo de cafeto para todo. Pero, sin importar si somos de países productores o si somos de países consumidores. Si nos volvimos cafeteros gourmet, trabajamos en el café o si nos limitamos a tomarnos la taza de café de la mañana, a todos nos peligra no volver a ver nuestra bebida preferida.

Ya lo he dicho antes. el futuro del café está en duda. Cada vez más personas quieren tomar café, pero cada vez los productores tienen más dificultad para producirlo. Y aunque veamos esas montañas llenas de cafetales, no quiere decir que tengamos diversidad. Según los expertos, la falta de diversidad genética en el café que se cultiva, es un peligro para su futuro, pero también una clave, una oportunidad.

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Noten esto: en el mundo, 80 países son productores de café. De las 125 especies de café reconocidas hasta ahora, en el mundo se cultivan 2 especies: arábica y robusta.  El 60% de los cafetos son arábica. Y de ella, se manejan una serie de variedades y variaciones.

En Costa Rica solo cultivamos café arábica por el momento. Y según afirma el ICAFE la mayor parte de este arábica es de las variedades caturra y catuaí, dos cruces traídos de Brasil hace décadas.

Pero el café arábica, aunque es delicioso y más suave que el robusta (ver mi artículo sobre sus diferencias aquí), en producción es más delicado y sensible a los cambios del clima y también lucha con las enfermedades.  Esto definitivamente, ya lo habían observado los científicos e investigadores del café.

Hace un tiempo, visité el CATIE en Turrialba, allí hay un jardín muy interesante: es la Colección Internacional de Café. Son una serie de cafetos de diferentes especies: no solo arábica y robusta, sino especies que no se cultivan para consumo, que provienen de la lejana Etiopía (581 ejemplares); la cuna del café,  y especímenes de otros países como Yemen, Kenia, Tanzania, Colombia, Brasil y México.

Allí me encontré cafés tan pequeños como un arbusto que llegaba a mis rodillas y cafés de 5 metros de altura. Toda esa riqueza genética que está resguardada de 11 diferentes especies y poco a poco se está tratando de aprovechar para darle un futuro más rico genéticamente (y por lo tanto, más fuerte), a los cafetales. (Leer más sobre la colección del CATIE aquí).

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En otros países hay también valiosas colecciones de cafetos e investigaciones genéticas: en Colombia, Brasil, Costa de Marfil, Kenia, Madagascar y la misma Etiopía. Se contabilizan 21 mil especímenes (plantas) en 16 instituciones en total. Hemos hablado también de esfuerzos privados y combinados aquí en Costa Rica como Alsacia de Starbucks o proyectos como Alrocia en Zarcero.

Todo muy bien por lo visto. Si estas colecciones y laboratorios genéticos siguen trabajando, sacando híbridos e investigando los potenciales de esas plantas silvestres, poco a poco tendremos cafetales renovados, más fuertes, e incluso sabores interesantes. Pero no todo es tan sencillo.

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Según me han afirmado personal del CATIE, del World Coffee Research y de Crop Trust, mantener una colección de estas a punto no es asunto fácil. Se han encontrado con que de esas valiosas plantas, el 6,4% se ha perdido y que el 11% de esas especies están representadas por 1 sola planta; si esa planta se muere, se pierde su información genética para siempre.

Así como los cafetales productores, estos santuarios genéticos enfrentan el reto del cambio climático y de lograr reproducir esas plantas antes de que termine su vida. El CATIE por ejemplo, se encuentra en una zona baja de Costa Rica, si pudieran replicar su colección en una región de altura, podrían ver más del potencial de estos cafetos silvestres y preservar más de ellos.

Se habla ahora de crear un fondo de $25 millones anuales para apoyar a estas 16 instituciones con la ayuda que necesitan para que puedan conservar ese material ADN del café, investigar y aportar. Y cuando digo aportar, se trata de compartir los resultados de sus investigaciones con el resto de investigadores. Que no sean esfuerzos aislados sino, globales.

“Cada vez tenemos menos tierra cultivada y más consumidores. Pero la biodiversidad ayuda a producir más alimento”, explicó Sebastián Winkler de Croptrust, durante la presentación de este fondo para la genética del café.  Experiencias que han tenido con otros cultivos que consumo mundial como el arroz, por ejemplo. Croptrust es la administradora del Arca Global de Semillas en Svalbard, Polo Norte.

Para Timothy Schilling, fundador del World Coffee Research, la industria del café apenas se está dando cuenta de la importancia de unir esfuerzos. Aunque tal vez en Etiopía y en Sudán del Sur existe riqueza cafetalera en estado silvestre pero está en peligro debido a conflictos militares, deforestación y destrucción de dichos bosques. “Por ejemplo, muchos de los especímenes que vi hace años en una expedición a Sudán del Sur la guerra y el fuego se los llevaron”.

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De vuelta a casi cualquier finca de un pequeño productor de Costa Rica, su lucha diaria no se detiene, con la mayoría de sus cafetales llenos de 1 o 2 variedades de plantas; una plaga como la roya hace estragos rápidamente y demanda más recursos de su bolsillo para detenerla.

Algunos están tratando de renovar sus cafetales con promesas como el Catiguá y el Obatá (todos arábicas), o dedicando algunas parcelas para sembrar variedades de sabor altamente cotizado como el Geisha, Typica o Bourbón, también hijos del arábica. Pero no todos lo pueden hacer, porque es una inversión cuyos frutos no se verán de inmediato.

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Se prevé que en el 2050 la demanda del café se duplique o triplique en el mundo.  Y que sino no hay soluciones para los productores del café, habrá un déficit de 60 millones de sacos de café al año.  ¿Qué pasará dentro de 30 años? 

Como siempre, espero sus comentarios sobre el tema. ¿Qué piensan como consumidores? ¿Y como gente del café? 

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