La finca de don Néstor y el desafío de seguir cultivando café en Heredia

Teniendo atrás las faldas del volcán Barva y delante una vista de parte del Valle Central, la brisa corre más que juguetona esta mañana de enero. El cielo casi diáfano y es imposible no pensar que sería interesante vivir aquí.

Una casa, un gran jardín, piensa uno en sus sueños típicos de la mediana edad. Un condominio privado y muchas pequeñas casas a buen precio según la plusvalía o valor del terreno en la provincia de Heredia, pensarían algunos empresarios. Y así es como muchas fincas de café han desaparecido, pero no es ésta la única causa.

Cuando en Costa Rica el café era el motor de la economía, estas laderas heredianas fueron del café. Eran el sustento de pequeños finqueros pero también de grandes hacendados e incluso de familias que luego tomaron las riendas políticas del país por mucho tiempo.

Ahora el café no es el motor económico de Costa Rica y a Heredia sus cafetales se le han desvanecido. No solo por la presión demográfica del Valle Central, sino porque producir café sigue lleno de incertidumbre.

En Concepción de San Rafael de Heredia nos encontramos con don Néstor Hernández. Una alegría para mí porque habíamos probado su café hace un tiempo y me gustó tanto su sabor que decidí integrarlo a nuestra propuesta de café tostado.

Hoy caminaríamos por la finca y microbeneficio en donde se produce: Cafetalera La Lidia. Don Néstor es un agrónomo y administrador retirado. Pero desde el 2016 decidió aplicar su experiencia y cariño a esta finca de 6 hectáreas que ha permanecido cultivada de café y es parte de su familia desde hace muchos años.

La finca es hermosa. En la entrada tiene la maquinaria del pequeño beneficio y las camas de secado. Don Néstor y su colaborador en la finca: Óscar Monge, intercambian criterios tan pronto llegamos. «Pensamos llegar a procesar unas 30 a 40 fanegas esta cosecha», explica Néstor.

Rodeando las camas elevadas se encuentran los cafetos. Como la finca tiene muchos años de existir, según nos cuenta Néstor, están en un proceso de renovación. Y sí, al inicio nos reciben plantas que muestran sus años en su altura y en las bandolas con menos follaje. Aún así, siguen dando fruto. Don Néstor tiene un plan para ellas: desintoxicación de elementos químicos, poda, eliminación total, re- siembra; según sea el caso.

Una «calle» ancha nos permite ver lo que me parece es el volcán Barva al fondo. Don Néstor se desvía a la izquierda y se interna entre los cafetales. Cierro la cámara y levanto los brazos para evitarme un «bandolazo» en la cara, que no es muy agradable.

Variedades antes y variedades ahora

Conforme vamos caminando nos da a probar frutos de diferentes plantas: caturra, catuaí amarillo, nuestro querido villasarchí (el café que tostamos)… dulce, menos dulce, sabores herbales, florales…

¿Estaría por aquí caminando algún recolector de antaño con su canasto de paja? En Costa Rica el café se sigue cosechando a mano. Y si es café de especialidad, los recolectores y el caficultor deben procurar siempre el punto óptimo de maduración.

Así como a otras fincas en Costa Rica- y en casi todo el mundo caficultor- el precio del café y los retos de enfermedades y del clima han reducido las ganancias de producir café por volumen. Don Néstor por eso está enfocando la finca a los lotes especiales, variedades nuevas y procesos nuevos. Él apuesta al modelo de microbeneficio, pero es de los pocos valientes en la región.

«Es más que sabido, que quien está en esto del café diferenciado, es porque ama producir café», afirma, mientras nos dirige hacia las áreas de nuevas variedades.

Promesas del futuro

iAllí ha ido sembrando algunas hileras de variedades Kenia, Geisha, híbridos, pacamaras, una variedad arábica de Jamaica, para zonas altas de la finca y CR95 para las más bajas. «La idea es tener la variedad más estable (como Villasarchí), pero ir combinando con variedades resistentes y también ejemplares que destacan por su sabor en taza».

Don Néstor dice que él no es catador ni nada similar, pero es más que obvio que distingue cuál de sus plantas tiene gran potencial de sabor. Caminamos cuesta abajo, hacia el río. «Pruebe este», me indica. Delicioso: un sabor intenso a papaya dulce y otros frutos tropicales que no puedo distinguir. «Es un híbrido caturra por etíope muy interesante», indica mientras sonríe.

Concentrada en la delicia sensorial, volteé la mirada a la derecha. En ese día tan cristalino se veía parte de la urbe del Valle Central. Nos trae a la realidad: la presión por la tierra. Pongámonos en situación: si los precios del café no son buenos y no ha mejorado en años, si las enfermedades disminuyen la cosecha y aumentan los costos, si las nuevas generaciones no se sienten identificadas con la caficultura… Y si nos ofrecen un precio atractivo por la tierra, ¿qué sería lo más práctico por hacer?

En la cosecha 2007-2008 la cantidad de productores entregando fruta registrados por el ICAFÉ fue de 2386. Para el 2017-2018 el número registrado fue de 1484.

Trazar un plan, dedicarle tiempo y ganas

La venta no está en los planes a corto y mediano plazo de don Néstor, pero sigue entrando como una de las posibilidades si las cosas no salieran del todo bien. Por lo pronto, todo su empeño y conocimiento lo está invirtiendo en beneficiar el café y en producir lotes especiales.

De vuelta en el área del beneficiado, en las camas de secado nos animan a meter la mano entre las montañas de café miel, miel negra, naturales. El interior de la montaña de secado está fría. No es de extrañar. Esta zona está a unos 1550 m.s.n.m. y en verano las noches son muy frías. «Esto es ventaja para nuestro café, por eso nos interesa que sea procesado aquí», asegura Néstor.

Lleva el control de los lotes desde las plantas de dónde se recolectaron, cuándo pasaron por las máquinas despulpadoras hasta llegar a las camas de secado. Para él, otra de las claves para surgir en este mundo cafetalero es la organización y el orden. Don Néstor tiene planificado no solo las variedades que siembra, sino las sombras más adecuadas y un sistema de poda para aplicar sostenibilidad a la producción hasta donde se pueda.

Don Néstor Hernández y su colaborador en la finca y microbeneficio: Óscar Monge.

Observando el plan en su finca y su clara visión de que se debe dedicar buena parte de ella a la especialidad, me da esperanza, de que tanto yo como pequeña compradora así como otros tostadores destacados podamos volver a esta finca en próximos años, en donde se puede respirar paz y saborear el porqué Heredia ha sido parte fundamental del café de Costa Rica.

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